
La verdad es que no sé si me enamoré de sus estilismos antes que de él, o fue al revés. Pero mi pasión por Francesco Cominelli, editor de moda de Vogue Hommes International comenzó hace varios años.
Con esa estética tan poco espontánea y a la vez desenfadada, de la que sólo algunos pocos afortunados pueden presumir, su impecable estilo se adaptaba a cada situación, llevando éste refrán a una nueva dimensión.
Protagonista de innumerables fotos como icono del streetstyle, no sólo era capaz de reflejarlo en su cuerpo cultivado a golpe de etiquetas (de moda). Además, lo hacía también con sorprendente maestría en cada una de las producciones que realizaba como editor de moda.
Atractivo, bueno en su trabajo, imitado y perseguido en cada uno de los acontecimientos del mundo de la moda... Su vida contenía todos los ingredientes perfectos para una muerte temprana.
Y así ha sido. Una muerte rodeada de misterio, con toda una vida por delante (que diría mi abuela), una carrera profesional de éxito, un estilo impecable y con el romanticismo dramático de París como telón de fondo.
¡Hasta siempre Mr. Cominelli!



