
O al menos es lo que sentiría yo si me encontrara al Kaiser de esta guisa por la calle. ¡Qué miedo! A veces me sorprende que este pedazo hortera sea capaz de crear las piezas más maravillosas del mundo de la moda.
Si hace años el posado del verano corría a cargo de la Obregón, desde hace unos cuantos, esperamos ansiosos las imágenes de Karl paseando por Saint Tropez vestido de cuero (guantes incluidos), a 40º a la sombra y con jovencitos cachas, de esos que sólo ves en los anuncios, como asistentes personales. Los genios son así, excéntricos hasta el límite.
En esta ocasión, la locura de Lagerfeld viene bajo el brazo con una simple bolsa de tela en la que se auto-promociona. KARL WHO? Eso mismo nos preguntamos nosotros. ¿Estará bien de la cabeza este hombre?


